miércoles, 26 de marzo de 2014

Beso por sorpresa

7:54:00 5
Hola Blogger@s! En primer lugar, me quisiera disculpar por tardar tanto en subir entradas. Entre exámenes, no me daba tiempo a pensar en más. En segundo lugar, me alegra volver a escribir, porque desde entonces me han sucedido cosas que jamás pensé que ocurrirían…

                                             Beso por sorpresa 

Las chicas de teatro estábamos comiendo en el patio, unas enseñando el traje de militar, otras haciendo el tonto…. Pero lo pasamos muy bien. Después de un rato, vino la profe y nos dijo que nos metiésemos en el gimnasio y que íbamos a ensayar. Mientras las chicas se iban probándose el vestuario, llegó Roni. Se me olvidaba comentaros, Roni es mi amiga. Es maja y muy simpática. Total, que llegó ella tan campante, después de llegar un cuarto de hora tarde, con sus gafas de sol y su cara radiante de felicidad. Tras una breve regañina de la profe, empezamos a ensayar.

            Cuando no nos tocó a Roni y a mí, nos fuimos al baño de las chicas y nos tumbamos las dos en el banco que había. Estaba muy a gusto, cuando de repente, ella me preguntó:
-          ¿Te gusta alguien?- no era la primera vez que me lo preguntaba.
El día anterior nos preguntó a Ana y a mí que si alguna vez nos habíamos enamorado de ninguna chica. Yo no dije nada, pero miré con disimulo a Silvia. Roni ya ha salido con otras chicas. En un principio, pensaba que sospechaba de mí, o que a ella le gustaba alguna, pero después lo tomé como una pregunta. Ya no podía aguantar más. Ella había sido sincera conmigo y con Ana acerca de que ella era lesbiana. ¿Por qué no podía serlo yo?
-          Puede- dejé soltar esa palabra.
Ella me miró con más atención.
-          ¿Ah, sí?- se puso muy contenta- ¿En serio? ¡Qué bien! ¿Y quién es?
-          No sé…. No sé si debería decírtelo
-          Venga, anda, dímelo… que no te voy a juzgar…- silencio- ¿Es del instituto?
-          Sí.
-          ¿Es de nuestra clase?
Silencio.
-          No.
-          Te lo has quedado pensando.
-          De verdad, que no es de nuestra clase
-          ¿De otra clase?
-          Sí. Es una chica.
La cara de mi amiga Ronie fue mayor y no sólo eso, sino que se levantó y se puso a aplaudir y a dar vueltas.
-          Ole, ole, Sary, una chica…. ¡Wow! ¡Qué te gusta una chica! Oye, ¿y quién es?
-          Empieza por S.
-          Por s… Uhmm… No será Selena, ¿verdad?
-          ¡No!
-          ¡Menos mal!
Tras un rato, pensando y tanteando dos chicas de teatro, (que, por cierto, Silvia no da teatro), acertó su nombre.
-          Silvia… ¿eh?- se pone a pensar- No está mal.
Después de que me dijera que lo mejor era que se lo dijese, y de que yo la respondiese de que no podría decírselo, porque me daba miedo saber lo que iba a pasar, lloré. Ella me acurrucó, me acarició el pelo y dijo:
-          No llores, que como llores tú, me pongo a llorar yo- eso me hizo reír, me hizo verla con ojos de comprensión, de hallazgo, de que se preocupaba de mí.
Después de un rato me dijo, cuando ya estaba más tranquila me dijo que ya sospechaba algo
Eso hizo reincorporarme y decirla: “¿En serio? ¿Tanto se me nota?”. Ella dijo que no, pero como a ella también le había pasado, pues lo podía ver en mí. Estuvimos hablando durante un largo rato. De vez en cuando, algunas chicas de teatro llegaban a retocarse un poco o a lavarse la cara, en ese caso nos apartábamos un poco. Ella me preguntó que si se lo había dicho a Ana, y le volvía responder que no. Después, estuvimos hablando un poco de su experiencia con las chicas, y no sé muy bien cómo… Llegamos a preguntarnos que nos parecíamos.
-          Pues no sé, eres una chica maja, simpática, una buena persona – me decía ella.
-          Tú también eres una chica muy maja, sobre todo me encantan tus novelas. Están muy bien. Eres una chica tierna y comprensiva- le decía yo.
Las dos nos miramos fijamente:
-          ¿Y qué te parecería salir con otra persona?
-          ¿Con otra persona?
-          Sí.
Me quedé pensando. En ese instante, vino una compañera de teatro y nos cortó el rollo.

A la salida, retomamos la conversación. Me acompañó a la parada. En un momento determinado, todo quedó en silencio. Fue como si nuestras mentes conectaran ella y yo dijimos:
            - Podría ser yo
            - Ponte de rodillas- me quedé algo en shock, y me reí un poco de la situación. ‘¿Ella? No parece mala persona y, si os digo la verdad, me empezaba a gustar. La miraba en Matemáticas. Además, Silvia no parece estar a mi alcance.
            - No digo que no sea mala idea, pero… No sé. Tengo que pensarlo. Ya sabes que soy muy indecisa.
            - Yo te dejo hacer lo que quieras, es tu decisión. Yo no te voy a obligar a nada.

Estuvimos cogidas de la mano. A la hora de despedirnos, nos dimos un fuerte abrazo (más amoroso que amistoso. Sobran las palabras para decirlo), el autobús acababa de llegar,  besó mis dos mejillas sonrosadas y… una parte de mi labio. Me gustó. No lo voy a negar. Ella sonrió, mientras se despidió de mí y dijo que se tenía a casa. Yo me quedé embelesada y sonriente mientras montaba en el autobús. Estuve todo el tiempo pensando en lo mismo. Por fin alguien me había dado una alegría. Estuve pensando en ella por la noche. Definitivamente, fue un día de confesiones y emociones a flor de piel. Pero lo que no imaginaba era lo que me pasaría al día siguiente…






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lunes, 10 de marzo de 2014

En nuestro lugar particular

13:31:00 5
Hola blogger@s, sé que hace mucho que no escribo, he estado muy liada. Pero aquí os ofrezco un pequeño relato que he escrito. Espero que os guste.


Por fin ha llegado el momento. Nuestro momento. Hoy la espero, impaciente. En ese sitio que apreciamos tanto. Cuesta creer que me haya enamorado de ella. Me ha cambiado la vida. Mi vida. Nuestra vida. Me siento feliz, sin remordimientos, con ganas de comenzar un nuevo amor. Tengo ganas de verla, de abrazarla, de decirla un montón de te quieros. Ir a cualquier lugar, sin rumbo fijo, pero libres, sin ataduras, sin frenos…. Sólo tú y yo, amor…. Qué romanticismo se respira en el ambiente. Es así como me siento. Con los deseos incontenibles de vivir, con el saludo y la sonrisa llevada cada día, dando saltitos por la calle, sí, esos que hacen que la gente se te queden mirando un buen rato. Amor es lo que siento y amor es lo que respiro. Cada día que la veo…. Bueno, (realmente no ha pasado una semana de nuestra relación), pero eso no quiere decir que no haya cariño y amor, ¿verdad?  No sé que decirla, ni de que hablarla, a veces, me pongo con misterioso nerviosismo, empalidezco y no sé seguir. Pero, justo en ese momento, ella me coge de la mano y me sonríe, sonrisa que me hace traspasar las barreras de la timidez y las inhibiciones. Y dejo que mis palabras fluyan. La digo todo lo que siento por ella y que sueño con ella (bueno, todo no…. ¡Me daría vergüenza!).

            Miro el reloj. Ya tendría que haber venido. ¿Y si sus padres no la han dejado venir? ¿Y si tiene a alguien más y me he hecho demasiadas ilusiones? ¿Y si me ha tendido una trampa? Me olvido de todas las barbaridades que salen de mi cabeza. Eso no va a pasar. Seguramente, tiene una buena razón para llegar tarde. Cojo el móvil y voy a llamar a su número cuando la veo. Veo el precioso conjunto que se ha puesto, como camina con cierta soltura y como mi corazón empieza a latir desbocadamente. Nada más verla, corro a su encuentro y la abrazo. Ella se apoya en mi hombro, mientras acaricia mis mechones recién salidos de la peluquería.

-          Te queda muy bien, cariño-
-          Pensé que no vendrías.
-          ¿Por qué? ¿Porque llegué tarde?- me mira, zafándose del abrazo.
-          No, simplemente porque te hubieras cansado de mí y no fuera necesaria…- ella me miro con ojos de tristeza, pero me sonríe. Sé que eso no ocurrirá. Al menos de momento- Siento mis confusiones. Se me van los disparates por la cabeza- ella ríe un poco- Te quiero.
-          Y yo a ti.

En ese momento, no veo a nadie más. Simplemente a ella. A nosotras dos. Tampoco es un parque en el que haya mucha gente. Pero para mí, cada vez que estoy con ella, es especial. Cuesta creer que haya pasado cuatro días después de nuestra discusión. Al final, descubrimos que lo que teníamos eran sentimientos reprimidos, que no podían salir al exterior. Pero ya se acabó. Fuera miedos, fuera voces, fuera miradas despectivas y abucheos. Fuera todo lo malo y arriba todo lo bueno que tiene por venir. Porque somos adolescentes. Jóvenes que necesitan interiorizar consigo mismos, explorar, buscar, encontrar, amar, olvidar, perdonar… y muchas otras cosas más que tendrán que venir con el tiempo. Ambas nos besamos. Nadie nos ve. Estamos solas. El tiempo se detiene. Nos miramos, hablamos y prometemos volver a vernos. Allí, en nuestro lugar particular...



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