martes, 4 de marzo de 2014

Tarde de Carnavales

 Ayer, fui un día estupendo. Sé que la mayoría de las veces digo estupendo, bueno… No sé, me gusta ver las cosas positivas de la vida, aunque en cierto modo, sufra. Ayer, (como iba contando) fue un día esplendido para salir con las amigas. Mi hermana mayor decidió hablar con Ana para quedar y salir a dar una vuelta. A eso del mediodía, llamé a Silvia para contar con ella. Me hacía mucha ilusión que ella pudiese venir. Nada más pasar el primer tono, lo cogió. Ella deslizó mi nombre y yo ya no sabía quién era. Luego ya, hablé de manera más fluida. Quedamos a las cinco para coger el bus. Mi hermana y yo nos disfrazamos. Ella, de diva y yo de pirata. Al salir y esperar (nuevamente en la parada) la vi llegar a lo lejos. Iba cómoda y sencilla, caminaba gustosamente y con paso firme hacia nosotras. Cuando la pregunté de qué iba disfrazada, dijo:
-          De mí misma-
-          Yo también iba a ir de mi misma disfrazada, pero después…-
Ella nos contó lo que nos habíamos perdido el sábado. Habían visto a un niño pequeño disfrazado de Doraemon (¡qué adorabilidad!) y hubo baile. En el transcurso del bus, mientras Silvia se agarraba a la barra, yo iba deslizando mi mano hacia la suya. A veces, la separaba. Otras no.

            Dimos una vuelta por el parque, admirando el paisaje y viendo a patos, sobre todo. De cuando en cuando,  yo ponía mi brazo en el suyo, pero sin darnos la mano. Era agradable. Realmente parecíamos una pareja. Sumando a todo esto las preciosas vistas.  Aunque no sé si para ella era lo mismo o que  yo tenía frío. Cuando caminamos hacia la fuente, y yo me volvía a reincorporar a su brazo, ella me dijo que su madre hacía lo mismo con su padre. Eso me desconcertó un poco, porque no sabía si eso significaba que le gustaba físicamente  que yo rodeara su brazo o que solo era cuestión de temperatura ambiental. De todos modos, llegamos a la Plaza Mayor, fuimos a dos librerías (por cortesía de mi hermana) y a mí me entró hambre. Por lo que Silvia sugirió que fuéramos a algún sitio (a un kiosco o a una pastelería). Esa idea me atrajo un montón. Tras haber elegido un kiosco, fuimos a la feria que había al otro lado. Ana llamó a su padre para que nos llevara a casa. Durante ese rato, sonaba una música muy rítmica. Me dieron muchas ganas de bailar con Silvia. Casi al final, lo intenté, pero ella no estaba muy a la labor, así que no insistí.  Aunque tardamos un poco más, fue una tarde inolvidable. En un momento, las dos pusimos nuestras cabezas juntas, (claro que como llevaba un gorro, me lo tuve que quitar) y volvimos a reincorporarnos, pero al chocar nuestras cabezas (de manera no muy brusca), ella dijo:
-          ¡Ay! Tienes la cabeza un poco dura- yo asentí la cabeza- Aunque bueno, yo tengo la cabeza un poco blanda.
Y la tercera vez ya fue muy relajada. Estuvimos charlando con Ana y mi hermana. Silvia le pasaba canciones a mi hermana porque mi móvil tenía la memoria llena. Antes de que el padre de Ana aparcara, imaginé despidiéndome de Silvia con un beso en la mejilla. Y cuando, efectivamente, aparcó, la dije adiós y me despedí tal como me imagine, por parte de las dos. Me siento muy feliz y muy exaltada. Pero no sé si para ella significa lo que significa para mí….

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